Manteca deriva del latín y significa saco, mochila o alforja, relacionando el término al hecho de que, en la antigüedad, la leche se transportaba en alguno de esos elementos de cuero. En los largos recorridos, la acción de las temperaturas y del permanente agitar de la leche en los sacos, convertía parte de esta en “manteca”. Otro término con que se la conoce en la lengua española es el de “mantequilla”.
En los Proverbios de Salomón se encuentra la referencia más antigua a la manteca, donde se puede leer “Sacudiendo la leche en forma de manteca”. Se estima que entre los pueblos africanos y asiáticos debe encontrarse el comienzo de la fabricación de la manteca. Estos a su vez se lo transmitieron a los griegos y romanos, quienes consideraban este producto como un manjar. En aquel entonces su consumo marcaba la diferencia entre nobles y plebeyos.
La materia grasa presente en la manteca es una de las más complejas que se conozcan. Está formada por muchos ácidos grasos saturados e insaturados, siendo el más importante y característico de la manteca el ácido butírico, que sólo se encuentra en la leche. Es este ácido el que da origen al nombre de la grasa de la leche “grasa butírica”. Se otorga gran importancia a la presencia de este ácido, ya que es el que otorga a la manteca ese sabor y aroma característicos de la crema y la manteca. Una pequeña alteración en el ácido, provoca que se torne de color ocre y sabor picante, la manteca.
El valor energético de la manteca es elevado. Es rica en vitaminas del grupo A, D y E. Excelente complemento en dietas completas o moderadas, por su contenido de sustancias carotenoides. La manteca carece de algunos nutrientes de la leche, como el calcio y algunas proteínas. Esta constituida casi por un 16 % de agua, un 1,5 a 2 % de componentes sólidos no grasos de la leche y por un 82 % de materia grasa.
Este diamante de la gastronomía, que realza cualquier preparación otorgándole un sabor delicado, una textura aterciopelada y un brillo sin igual, esta constituido por un 75 % de componentes semiduros y un 25 % de semiblandos. Esto determina su consistencia característica, que nos permite untar una tostada y disfrutar de un energizante desayuno o una reconfortante merienda.